Harapos de piedra
¿Habéis visto hablar a los ángeles?
¿¡No!?
Pues cogeros de las manos y veréis lo que esta noche dicen:
Mirad, ¿le veis? . Son huesos que caminan hacia la piedra de siempre, ese sitio ha conocido muchos como él. Hoy brilla el astro, pero ayer llovió y quedan aun charcos en la escalera, saca ese pañuelo y va secando el escalón que hace el número trece
¡El mundo pasa a su lado! .
Se sienta, hoy en un cartón nuevo, el de ayer tenía tres meses y a su lado, con el cuidado de un padre, tiende su pañuelo mojado
¡ El mundo sigue pasando !.
Su espalda vieja ya no siente el hielo que sube y baja de aquella caverna oscura por la que el mundo pasa, cada día, cada tarde, cada mañana. No es nadie, nada tiene, unos guiñapos de antaño y una juventud que le robaron hace ya años.
Sus ojos no sienten, la indiferencia, la desgracia, el sufrimiento, el olvido, el hambre, los han secado y no hay odio en ellos, sólo .. No, ni siquiera eso, también le han robado sus sueños.
Su mano, hueso y hueso, caída sobre el escalón apunta con sus dedos al cielo, su cabeza reclinada sobre sus harapos, no alcanza a levantarse y
¡El mundo pasa a su lado!
Hoy, un niño sonriendo se ha acercado, él ha levantado su cabeza y sus ojos seguían vacíos. Una moneda ha caído de unas manitas asustadas y un trote de miedo los ha alejado a los dos, ella rodando hacia la caverna, y las manitas, llorando, se han agarrado a otras más grandes.
Ni los niños le hacen sentir ya, porque no fue ni niño, no conoció juegos y sus juguetes fueron el arado, el martillo y la carretilla.
Pocas tardes su pañuelo está tan vacío como hoy, algunas viejas beatas sacan una moneda de sus bolsos para él y se alejan diciendo: siempre les doy dinero a los pobres, me dan lástima, así pasan con la cabeza bien alta para luego murmurar: No sé porque les doy dinero, si luego se lo gastan en vino.
Es viejo, su barba lampiña, su ropa andrajosa, su poco pelo gris, su andar cansado y su historia morirán cuando él muera y .
¡ El mundo pasará sobre su tumba! ,
Pisoteará las flores que nadie le lleve, y verá a su un hermano en el escalón que hace el número trece de cualquier estación, de cualquier plaza o de cualquier calle, con los dedos de la mano apuntando al cielo, ¡ pidiendo limosna ¡.
Duerme, donde puede y le dejan y su único compañero, el que le ayuda a pasar mejor las horas largas de la noche está siempre encerrado en una botella de cristal, más, al despertar ya se ha ido y le ha dejado para que vuelva al escalón que hace el número trece.
Es humano y
¡ La humanidad sigue eternamente pasando a su lado!
Y volviendo su cara hacia donde él nunca está, disimulando haber oído sus gritos y corriendo para no oírlos más, porque él grita, aunque no sea con su boca, grita con su mano y sus harapos pegados a la piedra.
Es rico sin poseer nada, su segundo placer, pedir fuego a quien pasa para su cigarrillo hecho de mil trozos que el mundo va dejando cuando de él se harta. Con sus manos de hueso va desliando el montón de cigarros que ha recogido del suelo, medio quemados y tras cinco o seis y con un papel que compra en el estanco ha creado su pequeño placer.
El mundo al pasar a su lado, si alguna vez se detiene, sólo dice palabras, palabras, palabras . ; palabras que no darán de beber ni de comer, palabras que darán una vuelta y al explotar iluminarán como fuego de artificios algunas mentes, para luego como fuegos caer en el olvido para siempre.
De los pobres será el reino de los cielos, más no de los pobres de espíritu, él lo es de todo, se cansó mucho ha de pedir ayuda y vagabundo solitario, envuelto en sus harapos, camina por un camino yerto y nublado.
No le quieren ya en ninguna casa, en ninguna, y dormita, teniendo de colchón cuatro barrotes de hierro de un banco de , de cualquier parte; su manta, las hojas de un periódico cogido de la basura que el basurero permitió que se llevara y
¡El mundo duerme tranquilo!
Unos dientes le hicieron brotar de madrugada, un hilo rojo en sus huesos, pero sonriendo de rabia y orgullo dejó tras de sí los ladridos que reclamaban el maná de la mañana.
Tiene canas en su cuerpo, pero no va a permitir que el mundo pase más a su lado y con sus manos de hierro y sus uñas de nervios va a agarrarse al mundo, hasta lograr pararlo y subiéndose a él va a decirle:
¡ Arreeeeee ¡ ¡Arreee, mundo, Arreeeee ¡ ¡ Para cuando yo te lo mande !
El orgullo de la sangre, la rabia del dolor parecen cambiarle, ahora tiene fuerzas para llevar las riendas y ordenar y hacer quien sabe que cosas más.
Un charco pequeño, cada vez mas grande, va secando el mar de duelos, va secando los huesos y anegando el césped del cementerio, y sus uñas, escarbando la tierra, parecen querer llegar a sus entrañas, para que nadie vea morir, con guiñapos de piedra, al hombre que le dijo al mundo:
¡ Arreeeeeeeee ! ¡ Para , cuando yo te lo mande !
Y el mundo no sabe, ni respetar su vida, ni respetar su muerte, sólo pasa y mira,
¡ Un muerto más ! ¡ Es el de siempre !
El testamento que nunca hizo porque nunca supo que era eso, decía: que mis ropas sean para el primero y a cambio, dadme eso que bien sabéis que más quiero, una botella llena del más dulce néctar, que me ayude a pasar las frías noches de infierno, y un pañuelo y un cartón viejo y yo sabré traeros unas monedas del cielo.
¡¡ Y su historia morirá cuando el muera, y el mundo pasará sobre su tumba y pisoteará las flores que nadie cada noche le lleve .!!
¿¡No!?
Pues cogeros de las manos y veréis lo que esta noche dicen:
Mirad, ¿le veis? . Son huesos que caminan hacia la piedra de siempre, ese sitio ha conocido muchos como él. Hoy brilla el astro, pero ayer llovió y quedan aun charcos en la escalera, saca ese pañuelo y va secando el escalón que hace el número trece
¡El mundo pasa a su lado! .
Se sienta, hoy en un cartón nuevo, el de ayer tenía tres meses y a su lado, con el cuidado de un padre, tiende su pañuelo mojado
¡ El mundo sigue pasando !.
Su espalda vieja ya no siente el hielo que sube y baja de aquella caverna oscura por la que el mundo pasa, cada día, cada tarde, cada mañana. No es nadie, nada tiene, unos guiñapos de antaño y una juventud que le robaron hace ya años.
Sus ojos no sienten, la indiferencia, la desgracia, el sufrimiento, el olvido, el hambre, los han secado y no hay odio en ellos, sólo .. No, ni siquiera eso, también le han robado sus sueños.
Su mano, hueso y hueso, caída sobre el escalón apunta con sus dedos al cielo, su cabeza reclinada sobre sus harapos, no alcanza a levantarse y
¡El mundo pasa a su lado!
Hoy, un niño sonriendo se ha acercado, él ha levantado su cabeza y sus ojos seguían vacíos. Una moneda ha caído de unas manitas asustadas y un trote de miedo los ha alejado a los dos, ella rodando hacia la caverna, y las manitas, llorando, se han agarrado a otras más grandes.
Ni los niños le hacen sentir ya, porque no fue ni niño, no conoció juegos y sus juguetes fueron el arado, el martillo y la carretilla.
Pocas tardes su pañuelo está tan vacío como hoy, algunas viejas beatas sacan una moneda de sus bolsos para él y se alejan diciendo: siempre les doy dinero a los pobres, me dan lástima, así pasan con la cabeza bien alta para luego murmurar: No sé porque les doy dinero, si luego se lo gastan en vino.
Es viejo, su barba lampiña, su ropa andrajosa, su poco pelo gris, su andar cansado y su historia morirán cuando él muera y .
¡ El mundo pasará sobre su tumba! ,
Pisoteará las flores que nadie le lleve, y verá a su un hermano en el escalón que hace el número trece de cualquier estación, de cualquier plaza o de cualquier calle, con los dedos de la mano apuntando al cielo, ¡ pidiendo limosna ¡.
Duerme, donde puede y le dejan y su único compañero, el que le ayuda a pasar mejor las horas largas de la noche está siempre encerrado en una botella de cristal, más, al despertar ya se ha ido y le ha dejado para que vuelva al escalón que hace el número trece.
Es humano y
¡ La humanidad sigue eternamente pasando a su lado!
Y volviendo su cara hacia donde él nunca está, disimulando haber oído sus gritos y corriendo para no oírlos más, porque él grita, aunque no sea con su boca, grita con su mano y sus harapos pegados a la piedra.
Es rico sin poseer nada, su segundo placer, pedir fuego a quien pasa para su cigarrillo hecho de mil trozos que el mundo va dejando cuando de él se harta. Con sus manos de hueso va desliando el montón de cigarros que ha recogido del suelo, medio quemados y tras cinco o seis y con un papel que compra en el estanco ha creado su pequeño placer.
El mundo al pasar a su lado, si alguna vez se detiene, sólo dice palabras, palabras, palabras . ; palabras que no darán de beber ni de comer, palabras que darán una vuelta y al explotar iluminarán como fuego de artificios algunas mentes, para luego como fuegos caer en el olvido para siempre.
De los pobres será el reino de los cielos, más no de los pobres de espíritu, él lo es de todo, se cansó mucho ha de pedir ayuda y vagabundo solitario, envuelto en sus harapos, camina por un camino yerto y nublado.
No le quieren ya en ninguna casa, en ninguna, y dormita, teniendo de colchón cuatro barrotes de hierro de un banco de , de cualquier parte; su manta, las hojas de un periódico cogido de la basura que el basurero permitió que se llevara y
¡El mundo duerme tranquilo!
Unos dientes le hicieron brotar de madrugada, un hilo rojo en sus huesos, pero sonriendo de rabia y orgullo dejó tras de sí los ladridos que reclamaban el maná de la mañana.
Tiene canas en su cuerpo, pero no va a permitir que el mundo pase más a su lado y con sus manos de hierro y sus uñas de nervios va a agarrarse al mundo, hasta lograr pararlo y subiéndose a él va a decirle:
¡ Arreeeeee ¡ ¡Arreee, mundo, Arreeeee ¡ ¡ Para cuando yo te lo mande !
El orgullo de la sangre, la rabia del dolor parecen cambiarle, ahora tiene fuerzas para llevar las riendas y ordenar y hacer quien sabe que cosas más.
Un charco pequeño, cada vez mas grande, va secando el mar de duelos, va secando los huesos y anegando el césped del cementerio, y sus uñas, escarbando la tierra, parecen querer llegar a sus entrañas, para que nadie vea morir, con guiñapos de piedra, al hombre que le dijo al mundo:
¡ Arreeeeeeeee ! ¡ Para , cuando yo te lo mande !
Y el mundo no sabe, ni respetar su vida, ni respetar su muerte, sólo pasa y mira,
¡ Un muerto más ! ¡ Es el de siempre !
El testamento que nunca hizo porque nunca supo que era eso, decía: que mis ropas sean para el primero y a cambio, dadme eso que bien sabéis que más quiero, una botella llena del más dulce néctar, que me ayude a pasar las frías noches de infierno, y un pañuelo y un cartón viejo y yo sabré traeros unas monedas del cielo.
¡¡ Y su historia morirá cuando el muera, y el mundo pasará sobre su tumba y pisoteará las flores que nadie cada noche le lleve .!!
1 comentario
white -
La pobreza es una dura y triste realidad, la pobreza de corazón es una miseria que se lleva sin saber que se padece pero se muere igual olvidado de los demás.